Educación básica, una batalla inconclusa. Siglo XIX, existían pocas oportunidades educativas

      

    Fotos tomadas del libro Principios fundacionales de la educación primaria en México, SEP, 2015.

    Por Ricardo Aragón Pérez / [email protected]

    Con independencia del credo ideológico y de la adherencia partidista, no hubo mandatario federal ni jefes políticos regionales que no tomaran en sus manos el ramo educativo y comprometiera a su gobierno con la organización, propagación y sostenimiento del mismo rubro, uno de los que figuraba entre las prioridades de los cabildos, ayuntamientos, diputados, gobernadores y presidentes, aún desde el comienzo del México independiente.

    Sin embargo, no fue mucho lo que se avanzó en materia de cobertura educativa, tasa de escolaridad y disminución del analfabetismo, que rondaban los linderos del 100 por ciento, debido a la debilidad de las instituciones públicas y de la inestabilidad política, así como de la precariedad económica, el déficit hacendario y la falta de hábito escolares, más la escasa cultura educativa.

    Entonces existían pocas oportunidades educativas, casi no había escuelas y, generalmente, las familias preferían ocupar a sus pupilos en tareas ajenas a los centros de enseñanza; no sólo por falta de interés en ellos, sino también por presiones económicas, circunstancias que obligaba hasta emplear a los menores de edad en faenas remunerativas.

    Con todo, sí había familias que procuraban educar a sus vástagos, ya pagando un maestro particular o mandándolos a un plantel oficial, pero éstas fueron las menos. Hacia mediados de 1800, la matrícula en educación primaria era como de 185 760 educandos, cuya cantidad correspondía cuando mucho a un 11 por ciento de la población infantil en edad escolar. Dos décadas después, hubo un incremento importante de escuelas, pero sobre todo de alumnos inscritos, que benefició a casi 20 por cientos de la infancia en edad escolar, quedando sin escuela poco más de 80 de cada 100 menores en aptitud de cursar la enseñanza primaria.

    En Sonora, la cobertura de escuelas y el censo de éstas no eran menos sombrías. Entonces no más de una veintena de escuelas ofrecían servicios educativos gratuitos, especialmente a niños descendientes de familias vulnerables: indigentes, huérfanos o indígenas, las cuales eran atendidas por un número igual de maestros y tenían a su cargo cerca de 900 educandos, cuyo importe por concepto de sueldos docentes, sumaba la cantidad de 479 pesos anuales, casi todos salidos de las arcas municipales.

    Ninguna escuela era de gestión estatal ni costeaba sus gastos con fondos del gobierno del estado. Casi todas dependían de los ayuntamientos, cuyas instancias de gobierno tenían la prerrogativa de poner escuelas, allegarles recursos y pagar las mensualidades de los maestros; además, decidían sobre su permanencia o dejaban sin efecto los nombramientos respectivos.

    Tampoco había mucho de dónde echar mano de buenos maestros. Los que había en servicio enseñaban sin haber cursado estudios previos de pedagogía ni contaban con alguna carrera o diploma a fin. La mayoría ingresó al magisterio porque no tenía otra forma de ganarse la vida, por lo que el compromiso y desempeño pedagógico daban mucho de qué hablar; por consiguiente, la sociedad no tenía una buena imagen de ellos y dudaba mucho de su idoneidad moral y profesional. Cierto que algunos de ellos sabían leer medianamente, otros tenían algún dominio de escritura y conocían algo de aritmética rudimentaria. Casi todos carecían de teoría educativa, técnicas grupales o de pedagógica, esto es, tenían un perfil académico muy dudoso, por el lado que se les viera.

    Cuando había una vacante, se publicaba en la prensa o se socializaba de boca en boca, pero era tan laxa la contratación que se convocaba interesados, pero no sé establecía ningún requisito académico. A modo de ejemplo, hacía el año de 1868, la Compañía Lancasteriana, organización civil que dirigía varias escuelas primarias, convocó a concurso para ocupará una plaza de primaria, y esto fue lo que publicó:

    "COMPAÑÍA LANCASTERIANA
    En la junta general que celebró el lunes 25 de marzo, acordó convocar a las personas que deseen obtener una plaza de profesor en la escuela de niños "La Filantropía", vacante por muerte del Sr. Morales que la desempeñaba. El profesor que obtenga la plaza tendrá habitación gratis y dos pesos diarios, pagaderos en mensualidades".

    Todos esos esfuerzos fundacionales, encomiables a todas luces, no dieron los resultados prácticos esperados, sino hasta finales del siglo XIX, en que aparecieron los centros de formación pedagógica y titularon a la primera camada de profesores de carrera, que con la denominación de Escuelas Normas se establecieron en diferentes partes del país, destacando entre ellas la otrora y legendaria Escuela Normal de Jalapa, que fundara y dirigiera el reconocido pedagogo Enrique C. Rébsamen.

    Nota: El autor es subsecretario de Educación Básica de la SEC en Sonora.

    Hermosillo, Sonora, 3 de agosto de 2022


     

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