Por Ricardo Aragón Pérez / [email protected]
Magisterio en Línea, Hermosillo, 27.02.2026
En un comunicado reciente, la dirigencia nacional de MORENA hizo público su posicionamiento de respaldo al proyecto de cambio político-electoral auspiciado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, argumentando que éste “constituye un paso decisivo para profundizar la transformación democrática”, con elecciones significativamente menos costos, fiscalización más efectiva, fortalecimiento de la democracia participativa y elección de legisladores plurinominales mediante el voto popular, lo que, en mi opinión, dicho posicionamiento es un acierto plausible, oportuno y congruente con los principios de la Cuarta Transformación, por cierto.
Importa destacar que la postura política de la Presidenta Sheinbaum y de MORENA son muy a fin al sentir de la gente y notablemente coherente con la historia política del país, como se advierte en no pocos sondeos de opinión, los cuales han documentado que una gran mayoría, como el 97 por ciento del universo involucrado, opina que se reduzca el presupuesto electoral; “bajar el costo de las elecciones”, el subsidio de los partidos y “desaparecer a los plurinominales”.
Sabemos que la gran mayoría de la población clama un cambio radical en materia electoral. La mandataria federal ha hecho suyo ese sentir, por lo que su iniciativa de reforma electoral aboga por una las elecciones menos onerosas, que los partidos dejen recibir dinero del pueblo a manos llenas y qué el Congreso deje de estar tan obeso, disminuyendo el número de legisladores pluris y, en todo caso, se ganen el puesto mediante el voto popular, no por dedazo de las cúpulas partidistas.
Si bien se trata de una reforma inédita, en pro de la democracia y la austeridad republicana, no es esa la primera vez que una figura de mucha talla política, con alta dosis de legitimidad y un apoyo popular de alto calada, como el de la presidenta Sheinbaum, encabeza uno movimiento de alto vuelo en pro de la democracia electoral, en la que el pueblo tiene la última palabra en las elecciones de los gobernantes, cuyo voto comicial es decisorio e inalienable.
Cabe recordar que hace más de un siglo, 116 años, para ser más preciso, el denominado “padre de la democracia”, Francisco I. Madero, impulsó a contracorriente un movimiento pionero en favor de la democracia. Formó un partido político, participó en las elecciones de 1910 como candidato presidencial e hizo una campaña nacional, la primera en la historia electoral del país; reivindicó el sufragio efectivo y pugnó por la no reelección de gobernantes.
Cuando el partido oficial fue declarado ganador, Madero lo calificó como fraudulento y, por consiguiente, pidió su anulación. Sabedor de que su denuncia sería pasada por el arco del triunfo, no tuvo más opción que tomar el camino de la revolución armando, lo que da una idea de que no sólo quería la democracia y de su convicción de que el pueblo ya estaba apto para elegir a sus mandatarios, sino también hasta dónde estaba dispuesto a llegar por hacerla más que un sueño una realidad.
A más de once décadas de distancia, la Presidenta Claudia Sheinbaum, conforme a la promesa de campaña y a su plan de gobierno, así como el sentir del pueblo, se propuso impulsar una transformación del sistema electoral, con énfasis en dos puntos muy específicos y básicos, pero de gran relevancia para el bienestar del país: que las elecciones dejen de sangrar el erario nacional, conforme el principio de austeridad republicana, y que los legisladores plurinominales se ganen ese alto puesto mediante el voto comicial de ciudadana y ciudadanos.
*El autor Ricardo Aragón Pérez es miembro del Club de adultos mayores en defensa de la Cuarta Transformación








