Por Ricardo Aragón Pérez / [email protected]
Magisterio en Línea, Hermosillo, 07.05.2026
Este 5 de mayo se cumplieron 164 años de la heroica batalla de Puebla, una de las efemérides más importante del calendario cívico nacional, celebrada por propios y extraños dentro y fuera de nuestro país. Su conmemoración, que recuerda la implacable defensa de la soberanía nacional ante la invasión francesa, tiene lugar en un momento difícil, en el que otra vez fuerzas extranjeras, con la complacencia de la oposición política, conspiran contra la patria y su soberanía.
En medio de esas tensiones, cobra mayor relevancia y hace mucho sentido recordar la gloriosa batalla de Puebla, revivir su memoria y aprender de quienes con arrojo, lealtad y abnegación defendieron la integridad nacional, cuyo legado toca ahora a nosotros preservar y defender, haciendo causa común con el gobierno de Claudia Sheinbaum, quien, en vez de arrodillarse o agachar la cabeza ante las amenazas foráneas o internas, las encara con convicción nacionalista y amor a la patria.
En cuanto a los pormenores de icónica batalla, cuentan que a las 9 AM, el estallido de un cañonazo del ejército mexicano indicó el inicio de la defensa de la soberanía, ante el avance de las tropas francesas, que no tenían más objeto que arrebatar por la fuerza el patrimonio nacional, profanar la soberanía y obligar al gobierno de Juárez a cumplir todos sus apetitos colonialistas; pero les salió el tiro por la culata, gracias a la patriótica defensa del general Ignacio Zaragoza, que de la mano de unos 3000 soldados, todos mal avituallados, harapientos, desvelados y faltos de alimentos; pero eso sí con un acendrado amor patrio, derrotaron a los franceses en una batalla de poco más de tres horas, pese a tener éstos un ejército más robusto, con más armamento y experiencia bélica, disciplina castrense y elementos de tropa.
Una hora después, a eso de la 10 de la mañana, la campana de una iglesia aledaña retumbó por todo el vecindario en señal del inicio de la refriega armada, sugiriendo el resguardo y la autoprotección de los aldeanos del lugar.
Tras casi 4 horas de tensiones, ataques y breves pausas, el general Ignacio Zaragoza, jefe de las operaciones de curso, envió un telegrama al entonces Presidente Benito Juárez y, entre otros pormenores, esto fue lo que le dijo:
“Las armas mexicanas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria… el enemigo fue rechazado tres veces en completa dispersión… No lo bato, como desearía porque el Gobierno sabe que no tengo para ello fuerza bastante… calculo pérdida del enemigo en 600 O 700 entre muertos y heridos; 400 habremos tenido nosotros”.
Aquella gloriosa batalla, fechada el 5 de mayo de 1862, fue una verdadera proeza, un ejemplo contundente de arrojo, abnegación, lealtad y amor a las instituciones republicanas, que enseña a todas luces que la patria, su independencia y soberanía se defienden con firmeza; incluso hasta con la vida, cuando conspiran o atentan contra su vigencia, porque el pueblo de México, desde el siglo XIX, luchó por un país independiente, libre y soberano, en el que las y los ciudadanos tienen la potestad inalienables de construir su propio destino, su presente y su futuro.
A casi dos siglos de aquel memorable episodio, en el que “los primeros hijos de México”, frustraron los planes de “arrebatar vuestra patria”, su recuerdo sigue vivo y vigoroso en la memoria colectiva; no sólo es parte del orgullo del pueblo mexicano, sino también de su cultura y conciencia histórica, que claves para la preservación, protección y defensa de las instituciones republicanas y la soberanía asociada.
El escribidor Ricardo Aragón Pérez es miembro de Club de Adultos Mayores en Defensa de la Cuarta Transformación







