Por Ricardo Aragón Pérez
Hermosillo, Sonora, 19 de marzo de 2025
Según la correspondencia del gobernador interino Flavio A. Bórquez, fechada durante 1920, éste fue un año de presiones económicas preocupantes, entre ellas figuraban los apremios financieros para cubrir necesidades básicas de la Escuela de Artes y Oficios “Cruz Gálvez”, como dotar a cientos de niñas y niños de vestuario, asegurar sus alimentos y terminar además dos edificios en construcción desde 1917, para instalar ahí dos departamentos: uno para mujeres y otro para varones, ambos con capacidad para 500 menores cada uno.
Para salir adelante con todos esos menesteres, se requería una inversión aproximada de 25,000 dólares, según cálculos del despacho del gobernador, pero como esos costos sobrepasaban con mucho las posibilidades de pago del gobierno, el entonces mandatario estatal, Flavio Bórquez, apeló a la solidaridad de todos los habitantes del estado, confiado en que no tendrían inconveniente para echarle la mano con la ayuda monetaria necesaria, “dado el noble fin que se persigue”,
No se equivocó el gobernador en apostar a la solidaridad de la gente. A modo de ejemplo, don Gaspar Zaragoza, un español con raíces en el puerto de Guaymas y un alto perfil de agente de negocios, fue uno de los primeros pudientes en recibir una carta del gobernador Bórquez, en la que hablaba de la necesidad de reunir una fuerte suma de dinero, para satisfacer diversas necesidades de la escuela “Cruz Gálvez” para huérfanos, esperando contar con su contribución económica, remarcó el remitente, cuya expectativa fue correspondida positivamente, dado que el señor Zaragoza contribuyó con un donativo en efectivo; incluso en un negocio suyo tenía una alcancía para recabar donativos de la gente común en pro de la misma escuela.
Don Gaspar era un porteño de renombre, parte de la membresía de abolengo, con una trayectoria exitosa en los negocios mineros, mercantiles y financieros, entre otros giros relevantes. Al parecer, también era una persona de sentimientos benévolos, que apoyaba con recursos de su peculio obras de beneficencia y de interés público, por lo que el gobernador Bórquez no vaciló en pedir su óbolo para las y los menores huérfanos de la “Cruz Gálvez”.
En 19 de agosto 1920, el mismo jefe del Ejecutivo, de la mano de su secretario de gobierno, se dirigieron por escrito al notable hombre de negocios y esto fue lo que le dijeron:
Al Señor Gaspar zaragoza
Guaymas, Sonora
Necesitándose aproximadamente la cantidad de $25, 000.00 dólares para la terminación de los departamentos que se encuentran en construcción en las Escuelas de Artes y Oficios “Cruz Gálvez” para huérfanos, de esta capital, así como para proporcionar vestuario y atender a otras necesidades de los alumnos de dichas Escuelas, el Ejecutivo de mi cargo, ha creído conveniente y no ha vacilado en ocurrir a usted, solicitando su óbolo para el objeto indicado, abrigando la creencia, de antemano, de que dado el noble fin que se persigue, no tendrá inconveniente en poner de manifiesto una vez más su reconocida magnanimidad y sus sentimiento de protección hacía la niñez desvalida.
Anticipo a usted las gracias por la atención que se sirva dispensar a la presente, y le reitero las seguridades de mi atenta consideración.
Sufragio Efectivo, No Reelección
Hermosillo, Sonora, agosto 19 de 1920
El Gobernador Interino del Estado (rúbrica)
El Secretario de Gobierno Interino (rúbrica)
Otros coterráneos suyos y miembros también del sector comercial, con negocios de hotelería, restaurantes, boticas, peluquerías y hasta una sociedad de pescadores, cerraron filas con el gobernador y respaldaron el proyecto de construir dos edificios escolares, “para que todos los niños desheredados puedan tener alojamientos adecuado e higiénico”, visualizaba el artífice del proyecto, Plutarco Elías calles. Los directivos del Hotel Almada, por ejemplo, acordaron poner una alcancía para recibir donativos, cuyos productos entregaban mensualmente, como sucedió en noviembre de 1917, cuando reportaron una modesta suma de poco más de dos pesos; en tanto el Hotel Albín reportó otra alcancía con un monto de seis pesos.
Tan sólo esa vez, noviembre de 1917, se instalaron 50 alcancías o “cajas Cruz Gálvez” en los comercios de Guaymas, aunque también había en la Escuela “Pino Suárez”, cuyos alumnos donaron un peso y sesenta centavos; en la Pagaduría del Batallón de Infantería se obtuvieron como tres pesos y en la Aduana Marítima se juntó un peso. En total, se recaudó cerca de 51 pesos, mismos que fueron remitidos a la tesorería general del estado, el primero de diciembre de 1917.
Si damos crédito al dicho de que para muestra basta un botón, lo expuesto hasta aquí lleva a pensar que el llamado del Ejecutivo local a todos los habitantes del estado, para “hacer un pequeño esfuerzo colectivo” en bien de las y los niños desvalidos, hizo eco en todas las capas sociales, respaldaron su iniciativa y, en los hechos, contribuyeron con diversos donativos, suficientes para financiar la construcción de los edificios que actualmente ocupa la Escuela “J. Cruz Gálvez”, los cuales fueron inaugurados con bombo y platillo por el gobierno de Adolfo de la Huerta, hacia el año de 1920, y representan, a mi modo de pensar, un monumento a la sensatez y empatía del pueblo sonorense.