Por José Guadalupe Montaño Villalobos
Magisterio en Línea, Hermosillo, 26.06.2026
En los tiempos de la Revolución Mexicana y en el norte de Sonora, ha situado Luis Antonio Álvarez Nájera la acción de su primera y excelente obra “Fuego y Raíz. Una Novela Corta”, que publica la Editorial MAMBOROCK de esta capital. Ayer la presentamos el reconocido escritor Carlos Sánchez y yo, en la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Sonora “Prof. Jesús Manuel Bustamante Mungarro”. Tuvimos una moderadora de lujo, pues la directora de esta institución, Yazmín Soto Medina, realizó esa función con gran profesionalismo, elegancia y naturalidad.
El primero en intervenir fue Carlos Sánchez, con la lectura de un excelente escrito que por su importancia voy a publicar íntegro para cerrar mi columna. Fue una verdadera clase de taller de literatura, no solo por lo que leyó sino por lo que improvisó en su exposición, con ideas que me gustaron mucho; por ejemplo, que esa novela posee una fuerza dramática tal que bien podría ser escenificada como una obra de teatro con gran solvencia.
En su escrito Carlos dijo: “Si como lector me dijeran que Fuego y Raíz es ópera prima, tendería mis dudas en lo ancho del cielo. Y despotricaría, pensando que me quieren ver la cara de ingenuo. Porque los argumentos me sobran para decir por qué no me trago el cuento de que nunca antes el autor había publicado algún libro. La calidad de la obra es la frase que ilustra a perfección y conclusión, mis argumentos”. Suscribo plenamente.
Después intervine yo. Comenté que era la segunda vez que estaba en ese auditorio de la Normal, pues en febrero de 2017, con motivo del centenario de la institución, me invitó mi amigo Francisco de Paula García Corral (presente por cierto en esta ocasión), entonces funcionario de la Secretaría de Educación y Cultura, para que impartiera una conferencia sobre las reformas al artículo tercero constitucional.
También confesé que, cuando el autor me invitó a presentar la obra, estuve a punto de negarme, pues en esta etapa de mi vida busco recuperar tiempo para leer y escribir sin presiones que puedan afectar mi salud. Ya no estoy para andar patrullando el universo, como antes. Sin embargo, acepté por tres buenas razones: me cautivó la novela, aprecio sobremanera la amistad del autor, y al ser su primera novela, tengo la certeza de que una persona tan preparada como Luis Antonio tiene mucho que aportar a las letras sonorenses.
En mi participación, destaqué que Fuego y Raíz está estructurada de forma impecable en 14 capítulos cortos que van directo al grano, enriquecida por un extraordinario prólogo de Luis Ernesto Flores Fontes y Carlos Sánchez. Aunque se ambienta en la Revolución, la trama trasciende el conflicto bélico para explorar la tensión universal entre el fuego —como rebelión y cambio— y la raíz, que simboliza la identidad y la memoria. Con un lenguaje pulido, claro y un ritmo ágil que atrapa desde las primeras páginas, el autor construye un universo donde personajes entrañables como María, Camilo, Trini o el coronel Jesús Nájera (mi personaje favorito por su honor y arraigo) encarnan valores vigentes como la resistencia, la dignidad y la lucha constante contra los abusos del poder.
Es una obra de lectura amena e interesante que despierta la imaginación y estimula el merecido reconocimiento al talento de Álvarez Nájera, quien es un ejemplo de que en el arte de escribir el éxito se compone de un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de constancia y trabajo diario. Por ello, la invitación final a los lectores es muy enfática: adquieran esta novela, disfruten su lectura y, si les gusta tanto como a nosotros, promuévanla entre sus familiares, amigos y conocidos. Quienes estén interesados en adquirir un ejemplar, enviar mensaje al WhatsApp 6622245128.
A continuación, comparto con ustedes la intervención íntegra de Carlos Sánchez:
La astucia es un faro de luz*
El recuento a cuentagotas. ¿Quién te lo dijo todo? La memoria es un baúl que contiene los sucesos más trascendentales. De ese baúl emerge Fuego y Raíz, no sin la condición indispensable de la habilidad creativa del que narra: Luis Antonio Álvarez Nájera, a quien alguna vez le contaron sucesos que ahora son parte del contenido de la novela, leit motiv de esta reunión. Sucesos que desde la memoria irrigan también con su exponencial dosis de ficción. Quizá, la más.
Celebración inminente, porque alzar las páginas de un libro para decir presente en la vida, no es cosa menor. La importancia y trascendencia de erigirse como escritor consumado.
¿De dónde el lenguaje y la capacidad de síntesis, Antonio? Debiera intuir y concluir que los libros te han sido y son buena compañía. Que las aulas forjaron en ti el gusto por la historia y el ejercicio de la escritura.
Entonces las conclusiones están hechas. Y el análisis, más allá de mis incapacidades de entendedera, de no poder concentrarme a veces, porque mis déficits llegan y se van como espuma sobre la arena, son a partir de las emociones que la lectura de este Fuego, me despiertan.
Leo y entro en la penumbra, escucho las voces que se acompañan del humo y los colores del fuego, ese fuego inminente que enciende las ideas y por consecuencia las acciones.
He sentido la tierra y su textura en el puño de mis manos. Me adhiero como un personaje de botas y sombrero, con pañuelo colorado atado al cuello. Entro en los diálogos, y rememoro a Federico García Lorca, porque Fuego y Raíz es también un guion dramático, donde la tragedia se hace presente. Sabemos, intuimos, que en esta trama no se avizora un final feliz. ¿O sí?
Y regreso a los diálogos con el autor: Luis Antonio, ¿en qué momento de la noche, mientras construyes, el estilo de la novela se decide? ¿Qué tanto influye tu voz como una determinación imponente? ¿Por qué el ritmo que se corta y juega con la hoja en un predominante espacio en blanco al describirnos desde la poética estos escenarios tan rurales, tan nuestros, y estos acontecimientos que nos ponen en incertidumbre constante?
Si como lector me dijeran que Fuego y Raíz es ópera prima, tendería mis dudas en lo ancho del cielo. Y despotricaría, pensando que me quieren ver la cara de ingenuo. Porque los argumentos me sobran para decir por qué no me trago el cuento de que nunca antes el autor había publicado algún libro. La calidad de la obra es la frase que ilustra a perfección y conclusión, mis argumentos.
El escritor no escribe por escribir, mucho menos para lucirse e investirse de intelectual, no pregona la sabiduría ni se siente un ser tocado por los dioses del olimpo. El escritor pone sobre la hoja el compromiso de acontecimientos que le confirieron para ser contados. ¿Le dijeron o no, que lo escribiera? lo importante es que Luis Antonio lo asume como una responsabilidad y traslada esas historias que son cadencia, resistencia, a la mirada de los lectores.
En los mundos que adentro de este libro acontecen, están también esos mundos que subyacen: la madre embarazada que cuida la tierra, el mugir de una vaca que habla a los pobladores para que de ella extraigan la leche que ha de alimentar. Habitan dentro de estas páginas, las miradas de los desposeídos quienes, gracias a la buena voluntad de unos cuántos, recuperan sus propiedades y la dignidad. El agandalle en este mundo parece ser eternamente eterno, por eso el escritor pone los acentos sobre las íes, las cartas sobre la mesa, la metáfora como hilo conductor en cada uno de los capítulos.
La astucia es un faro de luz que construye gallardía. Apostar y arriesgar por los demás es la traducción más precisa de lo que aquí se cuenta.
*Texto leído en la presentación de Fuego y raíz en Bycenes el 25 de julio de 2026.
No hay necesidad de decir más.








