Por José Guadalupe Montaño Villalobos.
Magisterio en Línea, Hermosillo, 13.05.2026
El reciente domingo, tuve oportunidad de participar en el encuentro cultural en honor a las madres, que organizó Maritza Rivera Armendáriz, directora de la Editorial Sonora Queherida, con el apoyo de un grupo de amigos unidos por el interés literario.
En esta columna, quiero tomar algunos fragmentos y fotos de un boletín de prensa que compartió Sylvía Manríquez, nuestra presidenta de Escritores de Sonora (ESAC), porque registra muy bien lo que sucedió en el acto aludido.
Con el Título “Lectura, música y memoria materna se reunieron en El Estanquillo de las Letras”, ESAC dice lo siguiente:
“En el marco de la celebración del Día de las Madres, este 10 de mayo se realizó una emotiva tertulia de lectura en voz alta y música en vivo en El Estanquillo de las Letras, espacio cultural ubicado en la Plaza Zaragoza de Hermosillo, Sonora.
“La actividad reunió al público en una tarde dedicada a la palabra, la memoria y los afectos compartidos. Las lecturas estuvieron a cargo de Carlos Moncada Ochoa […] José Guadalupe Montaño Villalobos, Guadalupe Gálvez Álvarez y Sylvia Teresa Manríquez, quienes compartieron textos y reflexiones en torno a la maternidad, la vida cotidiana y los vínculos humanos.
“La participación musical del cantautor Ramon Enrique Hinostroza Gutiérrez aportó sensibilidad y cercanía a la jornada, entrelazando canciones y emociones con la palabra compartida.
“La conducción de la tertulia estuvo a cargo de Maritza Rivera Armendáriz, quien dio continuidad a la velada entre literatura, música y comunidad”. (Fin de la cita).
En el acto, yo leí un fragmento del poema “Doña Luz”, de Jaime Sabines, que usted puede leer completo en su libro “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”, pero por lo pronto comparto mi lectura:
DOÑA LUZ
“Acabo de desenterrar a mi madre, muerta hace tiempo. Y lo que desenterré fue una caja de rosas: frescas, fragantes, como si hubiesen estado en un invernadero.
¡Qué raro es todo esto!”
II
“Es muy raro que yo también tuviese una madre. A veces pienso que la soñé demasiado, la soñé tanto que la hice. Casi todas las madres son creaturas de nuestros sueños.”
VI
Fue sepultada en la misma fosa que mi padre. Sus cuerpos reposarán juntos hasta confundirse, hasta que el tiempo diga ¡basta!
(¡Qué nostalgia incisiva, a veces, como ésta!)
¿En dónde seré enterrado yo? Me gustaría cuidar mis funerales: nadie llorando, los encargados del oficio, gente decente. De una vez solo hasta un lugar lejano, sin malas compañías. O incinerado, estupendo. Cualquier río, laguna, charco, alcantarilla: todo lugar sagrado.
No me acostumbro a vivir.
V
En un principio, con el rencor de su agonía, no podía dormir. Tercas, dolorosas imágenes repetían su muerte noche a noche. Eran mis ojos, lastimados de verla; el tiempo del sobresalto y de la angustia. ¡Qué infinitas caídas agarrado a la almohada, la oscuridad girando, la boca seca, el espanto!
Pero una vez, amaneciendo, la luz indecisa en las ventanas, pasó su mano sobre mi rostro, cerró mis ojos. ¡Qué confortablemente ciego estoy de ella! ¡Qué bien me alcanza su ternura! ¿Qué grande ha de ser su amor que me da su olvido!
VIII
“Si tú me lo permites, doña Luz, te llevo a mi espalda, te paseo en hombros para volver a ver el mundo.
Quiero seguir dándote el beso en la frente, en la mañana y en la noche y al mediodía. No quiero verte agonizar, sino reír o enojarte o estar leyendo seriamente. Quiero que te apasiones de nuevo por la justicia, que hables mal de los gringos, que defiendas a Cuba y a Vietnam. Que me digas lo que pasa en Chiapas y en el rincón más apartado del mundo. Que te intereses en la vida y seas generosa, enérgica, espléndida y frutal.
Quiero pasear contigo, pasearte en la rueda de la fortuna de la semana y comer las uvas que tu corazón agitaba a cada paso.
X
Quiero hacerte un poema, darte unas flores, un plato de comida que te guste, alguna fruta, un buen trago; llevarte tus nietos, comunicarte una noticia estupenda.
De la ventana de tu casa me he regresado porque tu casa está vacía inexplicablemente.
¿Qué le pasa al mundo?
Me he puesto a trabajar como un burro tratando de ocuparme, de traerme al mundo, de estar con las cosas. Lo he logrado. ¡Pero hay un instante de lucidez, un solo instante!
“Si vuelves atrás la mirada quedarás hecho una estatua de sal”. Y yo soy, apenas, un hombre de piedra que quiere ver hacia adelante”. (Fin de la cita).








